De las buenas. El carismático uruguayo Pepe Mujica anunció “el cuarto gol”; no más corte en Gualeguaychú, aunque la inquietud sigue; (el tercer gol fue el de la Selección ante Corea, para alivio general.) Una más: la Corte Suprema se expidió a favor de la vigencia y reglamentación de la Ley de Medios. Lo escribí antes. Ponerle el sombrero K sin más examen a una Ley urgente y necesaria, cajoneada hace muchos años, es contribuir al envilecimiento actual del periodismo, y la brutal desinformación. Mientras, la oposición política pasea por los medios monopólicos sus complicidades, acomodos, falsas alianzas, pases de manos, lo que para mí refleja cierto desinterés por este país. En este punto, el peronismo K resulta hoy el discurso mejor sostenido. Sin duda los K juegan el juego turbio de la política, pero hasta nuevo aviso no hay otro, antes y después de la modernidad. Eso sí, cambiaron los medios.
El “lugar” era para Platón el receptáculo estable de los cuatro elementos, en cuyo continuo movimiento se generaban todas las cosas. Morada, palabra antigua y sabrosa, es un lugar para morar; tiene el sabor de lo que permanece, o del demorarse donde uno se encuentra bien, y eso porque algo de sí, difícil de ubicar, encontró un destino. ¿Qué lugares son capaces de volverse moradas? ¿Qué lugares funcionan de ese modo hoy, con la miope velocidad de las vidas, la fragilidad de los lazos sociales, la vigencia de clasificaciones y evaluaciones que etiquetan a los sujetos, los reducen a sus capacidades de normativización y de rendimiento en el menor tiempo? Se trata de lo que resiste a la economía de mercado y a sus efectos terribles; al respecto, tal vez hayan oído hablar de un best-seller sueco llamado Millenium, o tal vez hayan visto la versión en DVD.
Hoy, pasadas las fiestas populares, siguen parpadeando los destellos argentinos. Les hablé de un viaje, no les conté el itinerario y no les dije que estuvimos en Andalgalá, en el Andalgalá catamarqueño con graves conflictos por la explotación minera contaminante. Dije también algo sobre los festejos patrios, y al seguir los destellos sobre lo que yo llamé su impronta peronista, leí una nota cuyo autor veía en la fiesta del bicentenario “una ocasión favorable para lo que podemos empezar a llamar el campo popular,“[1] paulatina y paciente acumulación de fuerza, dice, opuesta a las sabidas concentraciones del poder de la Argentina. ¿Otro destello argentino? El paso que significa el Dictamen del Procurador General de la Nación a la Corte Suprema, pidiendo se devuelva su vigencia a la Ley de medios aprobada por el Congreso.
Un viaje relámpago por tierras tucumanas y catamarqueñas, y aterrizaje en Buenos Aires el 25 de mayo, en pleno festejo patrio, con la TV rebosando fiesta callejera y popular tendida como manta norteña sobre recientes vergüenzas nacionales. Como dijo Fito Páez, fue una fiesta pagana, tribal. Otro dijo: una pueblada. Sin duda una celebración de la patria, de lo que para cada uno eso sea. La marcha de San Lorenzo parecía soplar sobre las banderitas celestes y blancas. Después de todo, en los pueblitos de montaña por los que anduvimos, no faltaban en ningún lado las banderitas argentinas de plástico que el sólo viento zonda ponía a flamear. Acá, Juan Forn escribió sobre su asco por los desfiles militares, los Tédeums y los ricos en el palco, lo pomposo que disimula el cambalache que somos. “Somos una cosa que salió mal, deforme, una contradicción caminante.” Y es lo que más le gusta de lo argentino, lo raro, eso que a nadie se le ocurre celebrar.
En mi segundo viernes consecutivo, me acuerdo del taxista salteño, y pienso en otros provincianos, con su aire calmo, y el santito o el rosario colgado en el espejito del auto. En Querida María, escribí sobre la religiosidad popular que recorre el territorio argentino. “Los santitos van apareciendo, María.” Uno es el venerado gauchito Gil, soldado correntino en la guerra del Paraguay. Hay otros, y cada uno con su santuario. Son lugares populares, tumultuosos; la gente reza/grita, apremia a los santos por salud, amor, familia, trabajo; “el Gaucho te cumple”, o la Difunta Correa, o San Pantaleón, y así siguiendo. Y la Señora Santa María (con manto celeste) se le aparece a unas señoras simples, mensajeras del anuncio de calamidades inminentes. A las elegidas a veces les salen estigmas. Y en esos ámbitos, lo santo toca lo sagrado cuando irrumpe el milagro.
El martes, hace apenas tres días, les dije “hasta el viernes”. Bueno, claro, yo pensaba en el viernes de la semana que viene. Pero, pensé, ¿por qué no mandarles un saludo este viernes, y contarles alguna cosita? Anoche, en 6, 7, 8, se hablaba del freno a las importaciones. ¿Invitados? Un joven agradable, cuyo fuerte acento chileno me costaba entender, y Juan Falú. Del joven ya les hablé, pues fue candidato a la presidencia de Chile, finalmente disputada entre la Concertación y la Derecha. Juan Falú, el exquisito guitarrista, resultó un hombre con fuertes ideas políticas. Esta mañana, en un taxi, el tema me volvía en la voz inconfundible de Víctor Hugo Morales; la ríspida cuestión de las importaciones, que se vuelve mucho más ríspida sólo por involucrar a Guillermo Moreno. Pero, a mí, la lección me la dio el taxista.
IMPORTANTE AVISO: Desde ahora, mi blog saldrá LOS VIERNES.
En Diputados, en una sesión donde no faltó lo testimonial, se aprobó la Ley del matrimonio gay, que pasa al Senado. Me interesa como practicante del psicoanálisis y como ciudadana de la “mega” ciudad en la que habito. Como practicante y como ciudadana me interesó saber de un libro de Jorge Horacio Raíces Montero, Un cuerpo, mil sexos. También me dejó pensativa el texto de Miller que cité la última vez, sobre el destino de las formas de vida de esta especie, que, “porque habla, es desnaturalizada y desnaturalizante”; hoy hay seis millones de kilos de basura contaminante, y un lago de petróleo rodeando el Golfo de Méjico. Ya no saben qué hacer. En la calle encuentro cada vez más gente hablando sola. Recordé algo que escribí en mi libro Semblantes de Occidente, de cuyo capítulo 8 extraigo algunas ideas.
Fue el pedido póstumo del Dr. Favaloro, un héroe de la ciencia. “Quizá el pecado capital que he cometido, aquí, en mi país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, en esta sociedad del privilegio donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación.” “Alguna vez, en un acto académico en USA, se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo, es cierto. Espero que me recuerden así.” Son palabras del Dr. Favaloro en su carta[1] de voluntaria despedida de la vida. Estos términos me condujeron a una pregunta: ¿en qué encerrona se encontró el genial Dr. Favaloro, “una de las tres leyendas de la cirugía cardiovascular”?
Ya saben, “digopsicoanálisis”. Es la lógica que me orienta en la imparable lluvia de palabras, y me habilita la ironía. Nos aturden; los medios, los políticos, los hechos y las denuncias insólitos, las maniobras sucias entre oponentes, la reducción de la sexualidad a nada que valga nada. Caen miles de semblantes sobre nuestras cabezas y cada uno se engancha en algún lado, como puede. Hoy pensaba en el hecho mismo, en ese acoso de semblantes vacíos, hechos para consumistas. La gente se “estresa“, entre la impotencia y la mezcla de ideas. Los que comen y trabajan suelen estar hartos de problemas; siguen el revoltijo de lo que se dice y se muestra. Los que ni comen[1] ni trabajan, negocian con sus cómplices, o con los políticos, o con el dealer de la esquina. A los indigentes que duermen bajo los puentes y los umbrales se les viene el frío. Los funcionarios de la ciudad tuvieron una idea: ¿y si los aloja la Iglesia y nosotros pagamos per cápita?
A fines de abril tendrá lugar el Congreso de la AMP. En el último post traje a Eric Laurent, sobre “los semblantes asaltados por el sinthome“. Ser miembro de la AMP me hace parte del trabajo del Congreso, destinado a iluminar con el discurso analítico los impresionantes impasses del siglo XXI. Por eso la última vez me atreví a hablarles del SINTHOME; dije: es el goce atrapando su satisfacción. Resumí los SEMBLANTES diciendo ”investiduras y apariencias”. Si me permiten, la cosa merece una vuelta más. Los semblantes se le arman a cada uno. Las cosas que propaga el discurso corriente le llegan a cada uno según su goce. Hoy un niño de 12 años, (nueva comunicación de Eric Laurent), consume pornografía por Internet y está perfectamente informado sobre sexo; ¿eso le ahorrará los tropiezos en los impredecibles desfiladeros de su sexualidad?

