Con gusto incluyo en este lugar parte de los respectivos prólogos; de Judith Miller y Juanqui Indart.
Invito a leerlos en este espacio.
Los comentarios que voy recibiendo actualmente, tendrán su propio espacio en La transtienda de mis libros.
SEMBLANTES DE OCCIDENTE. La apuesta lacaniana por el síntoma, Tres Haches, 2009.
Prólogo de Semblantes de Occidente
Es un honor y un placer escribir estas líneas, porque fue una alegría saber que Carmen González Táboas había encontrado la posibilidad de publicar su libro. Cuando me lo presentó me sentí feliz: una colega del Campo freudiano había tomado la decisión y el tiempo de dirigirse a los que ella nombra “el amable lector”; tal vez éste no será amable, pero dirigirse al público -para citar con Carmen González Táboas al autor del Tratado de la reforma del entendimiento- supone un paso que “aumenta la potencia de ser”.
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La comunidad de experiencia que es una Escuela de psicoanálisis permite la contribución de los analistas que hacen parte de ella, al psicoanálisis genuino; les permite transmitirlo y (re)inventarlo. El libro de Carmen González Táboas es un efecto del trabajo de una Escuela de psicoanálisis, la Escuela de la Orientación lacaniana. Decirlo no es disminuir los méritos de su trabajo, es, por el contrario, agradecerle el aporte personal que, a su propio riesgo, ha hecho a las finalidades de las nueve Escuelas que hoy forman parte de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.
Un libro tal como el que tenemos en los manos no es pensable sin la base de las condiciones de trabajo que son las del conjunto de la AMP -conjunto abierto, descompletado por lo que queda por hacer y por los que serán capaces de hacerlo.
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Carmen González Táboas no se pierde en una posición de goce autista que amenazaría el duro trabajo del avance del psicoanálisis puro y el entusiasmo que comporta la conclusión de una cura, así como la alegría que el trabajo clínico puede procurar. Ella hace la apuesta de anunciar la buena noticia del papel anudador del Síntoma (con mayúscula) afuera del medio analítico mismo, al público, al “amable lector”; no desconoce los malentendidos que una apuesta de este tipo puede producir, pero se da los medios de evitar algunos, y las bases retrospectivas de la primera parte de su libro ofrecen guías eficaces. La historia antigua quizás podría haberle dejado un lugar mas amplio a la cuestión de la ciencia que empieza al mismo tiempo que el filo galileo-cartesiano, el filo con el cual Pascal construye el objeto “conjetural”, ampliado durante el siglo XX y hoy decisivo en el discurso de la ciencia (en los años sesenta, Lacan ha llamado “conjeturales” a las ciencias que se presentaban como ciencias humanas). La lectura crítica de los autores que Carmen González Táboas ha estudiado en la segunda parte de su libro de una manera rigurosa, está fundada en razón, en la razón que exige una seria reforma, -la razón según Freud.
Este libro empuja al debate, un debate sin prejuicios. Es un prejuicio desconocer la clínica analítica; es también un prejuicio hacer como si los que disfrutan del saber analítico tuvieran en sus manos la panacea universal, como si nunca fuesen sorprendidos, como si dispusieran de las respuestas. Este libro abre un debate esclarecedor que ubica las dificultades encontradas por las Luces, (el término en francés es les Lumières, menos fuerte que el término Luces o Iluminaciones, pero que permite pensar en un saber que ignora su ignorancia, que reprime el no saber del saber).
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El lector amable que soy, estimada Carmen Táboas, le agradece la alegría y la curiosidad que su libro me ha procurado, y el haber ofrecido la oportunidad de sostener una apuesta que abre la vía de una acción lacaniana en la cultura.
Judith Miller

QUERIDA MARÍA, cuando el psicoanálisis no es un sueño, Tres Haches, 2008.
Prólogo de Querida María, cuando el psicoanálisis no es un sueño
De los diversos sentidos que se han acumulado sobre la función de un prólogo me atengo al muy simple que consiste en defender el mérito de la obra y la necesidad de que exista. Sobre todo eso último, la necesidad de que exista, porque la intensidad del derecho a pensar y el derecho a luchar que emana de la misma es su mérito, inusual, y lo que hoy hay que defender como necesario.
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Siendo, como soy, miembro de la misma comunidad analítica a la que la autora se refiere, no puedo negar la implicación, y si ella me concede el privilegio de ser primer lector que le puede responder por escrito, eso podría abrir la serie de las muy deseables y diversas respuestas que su libro merece:
- Creo que las incesantes preguntas y los esbozos de tantas respuestas, en el plano de las ideas y los hechos sociales, económicos, políticos y culturales de la Argentina, desde los más recientes hasta los más remotos, que el texto ofrece, dicen bien que no se trata de historiar ese pasado “sin historia” que sería el nuestro, sino de sostener una memoria. No es lo mismo, y pienso que no seré el único lector alcanzado de la buena manera en su tendencia al olvido gracias a las páginas que prologo.
- También creo que lo que más se repite en esa memoria es: a)la creencia en lo argentino como una potencialidad no realizada ( aquí está lo más unitivo); b), luego, los fracasos en la realización de esa potencialidad en una dirección cualquiera (acá esta la desunión); c) por último, si algo se realiza, su falta de reconocimiento, a buscar en solitario y en otra parte (acá bastan pocos casos para así retroalimentar a)) Y así siguiendo. Por eso, si llega poco a poco a haber, por extensión de lo analizante, efectos de interpretación sobre el síntoma que ocupa y preocupa a la autora, será en tanto sacudan la creencia señalada en el punto a).
Que el lector de Querida María entre en la aventura, pues lo que creía que era sueño puede que no lo sea, y lo que creía que no lo era puede que sí lo sea.
J.C. Indart

