Una amiga me envío lo que a continuación les paso, porque aparte de hacernos reír -o llorar- el asunto tiene para hilar más fino. “Anoche mi mamá y yo estábamos hablando de las muchas cosas de la vida… entre otras… del tema de vivir/morir. Le dije: ‘Mamá, nunca me dejes vivir en estado vegetativo, dependiendo de máquinas y líquidos de una botella. Si me ves así, desenchufá los artefactos que me mantienen viva; ¡PREFIERO MORIR!”. ¿Qué hizo su madre? “¡¡Entonces, mi mamá se levantó con una cara de admiración… Y me desenchufó el televisor, el DVD, el cable, Internet, el PC , el mp3/4, la Play-2, la PSP, la WII, el teléfono fijo, me quitó el móvil, la ipod, el Blackberry y me tiró todas las cervezas!!! ¡¡La madre que la parió!!…*¡¡¡¡CASI ME MUERO!!!!”.
Voy a empezar por el final. Los medios masivos de comunicación abundaron en el accidente -ojalá drama, y no tragedia[1]- donde casi se muere quemada la mujer de uno de los músicos de Callejeros. Brotaron los juicios, sumarios y concluyentes. Los padres de los muertos en Cromañon juntaron las dos escenas. Todo encajaba. Culpar al muchacho era culpar a la Banda sin más. Una evidencia alucinatoria encendía los fuegos (valga) de la pasión por el Bien, la Verdad y la Justicia.
Ni por asomo aparece la idea de lo impredecible, el azar, la mala suerte. Ni pensar en los “usos y costumbres locales”. Cada uno sabe qué parte tuvo en lo sucedido a su hijo, si la tuvo, y sabe cómo hace la vista gorda, burlando normas en su negocio, explotando a los empleados, engañando al patrón, a la esposa o al marido, reventando al ex, o a la ex, tratando a los hijos como expedientes, u objetitos de placer, o incomprensibles aparatos. Vamos, señores, nada más fácil que una causa en la que uno no se involucra más que clamando por el Bien y la Justicia, para condenar “a los culpables”.
Los jueces estarían de adorno. Bastaría el magno tribunal de los afectados por las tragedias que siempre fueron, son y serán parte de la vida, pero que ahora suceden peor gracias a la ciencia del neoliberalismo. Todavía existe el Derecho. Las leyes son, con las normas, ficciones necesarias y perfectibles. Se supone, ojalá, muchas veces lo hacen, que los jueces y sus co/responsables ven lo menos obvio, traspasan las evidencias, y se caen mil veces en una caja oscura. Claro, si no interviene “el amigo del juez”, o la política local, u otro medio de falsificación de los procesos. No es el menos peligroso el que consiste en obedecer la presión (la ferocidad) de las multitudes o de los grupos que viven para que se haga “justicia”. Como si fuera de coser y cantar.
Por suerte soy lectora desde chiquita. Supe pronto del goce feroz de la gente que gozaba con los cadalsos, las hogueras, las horcas y otros festejos en la Plaza pública. ¿Somos mejores que esa humanidad? No. La mamá desenchufó los aparatitos de la nena con gesto heroico; pero díganme, ¿es tan tonta la chica, muy bien enterada del asunto de la eutanasia?… Aparte, ¿quien se ocupó de que ella no se enchufe a los aparatitos? ¿Quién se los facilitó gratis sin costo alguno?
Los que no nacieron hoy, ni son de la generación del DVD, el cable, Internet, el PC el mp3/4, la Play-2, la PSP, la WII, el móvil, la ipod, el Blackberry y las cervezas y lo que venga, también pueden ser, y son, sordos y ciegos. Los métodos para taparse los ojos y los oídos siempre fueron infinitos. Unos se agotan en “el limbo de sus aspiraciones”. Otros gozan de sus pingües ganancias. Están los justicieros. A la cola, los sin techo, sin trabajo, tal vez con paco y chumbo. Cada uno convive con su Cosa. ¿Sin remedio? No. Algunos hacen algo por vivir una vida más verdadera.
Un cordial saludo y hasta el próximo martes.
[1] La tragedia conlleva la muerte del héroe o la heroína o ambos.

