América latina, otra señora Presidente. Preguntan: “¿Otra dama de hierro?”. Hierro de aparato ortopédico, digo, en países donde la estructura del Estado hace agua. Ahora fíjense: en Estados que ostentan estructuras sólidas, como Francia, ¿qué tienen los psicoanalistas sobre la cabeza? El monstruo de la evaluación. El Estado quiere controlar a los individuos dotados de alma, o sea, cuerpos almados con memoria, inteligencia y voluntad. O sea, gentes medibles y controlables con pruebas, tests, multiple choice, interrogatorios y estadísticas. ¿Se puede creer que quieren “una evaluación de la subjetividad”? ¿Controlar al psicoterapeuta, interrogarlo sobre su paciente y su tarea? ¿Las Instituciones que los forman no sirven? ¿Será que deben aplicar controles empresarios, eficaces hasta para alentar suicidas? Siniestro.
Pensaba en nuestros países, nuevos, hispanos pese a las mil variedades de razas, lenguas, religiones, costumbres. En nuestras libertades y confusiones; leyes muertas, transgresiones vivas, políticos de cartón, dependencias negadas, aceptadas, contradichas; dolores y pasiones, los correntinos sin luz y el barrio tal de la capital sin agua, y los que se inundan. Ahora Kirchner, Dios lo conserve, compró dos millones de dólares; nada al lado de los ricos en serio, de acá y de allá, con muuuuchos más millones.
¿A quien van a evaluar? Imagino evaluaciones llenas de respuestas falsas, muertas de risa en oficinas donde se trabaja por el contrato o por el empleo; las imagino un montón de tiempo en la compu, y que un día el jefe pide el Informe. Llevará su tiempo, y llegará al ministro de turno, terso, prolijo, mentiroso, abundante, probatorio, tan aplicable, práctico, utilizable, como los de la ley de Educación sexual. Consensuar, seguramente no es un talento argentino. Qué loco; finalmente nuestras desgracias me parecen una fortuna increíble.
El otro día se me ocurrió contarles de Platón y Aristóteles. Sigo. Aristóteles, hombre de ciencia, había escrito en la Física que existía la Causa de lo que se mueve y de lo que se corrompe, pero no le alcanzaba para decir “Dios”, pues Dios no habría necesitado nada fuera de sí mismo. Lo cambió en la Metafísica; imaginó a Dios como un Ser separado e inmóvil, en el borde del universo, Sumo Deseable. Todo lo demás se movía por aspiración a él. Ingenioso.
Siete siglos más tarde aparecieron los nuevos platónicos; dijeron: “Sin el Uno no hay nada”. (Platón había dejado la pregunta de cómo sale lo múltiple de lo Uno). Plotino venía de Persia, puso escuela en la decadente Roma y dijo que de lo Uno sale todo, y que mientras el Uno se ama a sí mismo eternamente, va soltando sus perfecciones, y crea Belleza, Inteligencia, y Almas (del mundo y de los seres). Ustedes dirán: qué delirio. Pero mejor se enteran: mitos y religiones son menos ciegos que la falsa ciencia embrutecida por su alianza con los mercados. Hagámonos las lolas, olvidemos la muerte mientras podamos, gritemos “seguridad” sin pensar, mientras silban las balas y aumentan los desubicados, evaluados, medicados, explotados, desesperados, cuando no drogados.
Qué difícil captar que aquel Uno habita en el inconsciente (todo empieza en lo que nos marcó, cuando el lenguaje nos entró a cosquillear en el cuerpo). Que de eso (uno e inclasificable) sale la lógica de una vida y los tropiezos del sexo y del amor. Que ese es el lugar donde se forman y, a su tiempo, se toman las responsabilidades.
Un cordial saludo y hasta el próximo martes.


Febrero 15th, 2010 at 14:40
En línea con lo que plantea Plotino, que usted cita y tomando al Profeta Isaías, “serán ustedes como Dioses” que hermoso sería que esta humanidad, que brega por la inmortalidad a través de costosas cirugías y acumulando riquezas que ni en tres vidas se puedan consumir, logre algún día, aceptar su condición divina, de templo viviente, y así el “Uno se ame a sí mismo eternamente, soltando sus perfecciones, y creando Belleza, Inteligencia”, al servicio de si y de toda la humanidad. Es, como usted plantea, el lugar donde se forman y, a su tiempo, se toman las responsabilidades, donde encontramos la plenitud en nuestras vidas. No, para nada creo que sea un delirio.