¿Por qué no decir resiliencia, una palabra que hace un tiempo se escuchaba por todas partes? Viene de la ingeniería, de la energía que se produce en ciertos materiales a causa de un impacto. Como metáfora poética no está mal. Pero está tomado en la psicología conductista para decir “tú puedes”, y pasa por el tratamiento del stress y de la ”autoestima”. Según dicen, es lo que conviene inculcarles a los niños, así se los prepara para que, “en la adversidad, aparezcan los recursos del individuo, esos que desconocía o con los que no contaba.” Fíjense lo que pasa en Haití. Claro, ahí no se habla de stress, sino de víctimas, de muertos, de comida, de pestes, de delincuentes, de la pata norteamericana “copando las instalaciones” desinstaladas y destrozadas de la estructura social, política y económica de un país que hoy multiplica por “n” su habitual descalabro. ¿Quiénes y cómo resistirán?
Sin duda, habrá individuos que resisten. Han resistido en los campos de concentración, resisten los refugiados y evacuados de cada día. ¿De donde sacan las fuerzas? ¿Resisten en base a “autoestima”? Lo dudo, pero nunca una idea fue tan popular y al mismo tiempo tan pobre, tan vacía, tan limitada. Es como si quisiera saber algo de mí mirándome en un espejo. La oigo todos los días, se machaca; “no tengo autoestima, tengo la autoestima baja, (o sea: la menor cosa barre conmigo, me hace falta un yo que no se me caiga a cada rato.)” Les puedo asegurar que de eso no hay, el yo se cae a cada paso. Salvo que la plata y el azar nos protejan por un tiempo. Y aún así…sabe Dios. La autoestima es como bajarse de la bici a cada rato, para inflar la goma que se vuelve a desinflar.
“Las adversidades y los traumas permiten desarrollar inéditos recursos”. ¿Es una novedad? ¿Un descubrimiento? Ya dijo Freud que cuando un neurótico contrae una enfermedad, suele sacar la libido de sus fantasmas y emplearla en curarse. Es lo mismo cuando la vida que se vive apremia mal. No hay más que arremangarse. O deprimirse.
Nunca se sabe quién se hunde y quien se salva. Darles lecciones de yo a los niños ¿qué garantiza? Pueden ser más crueles, más negadores, más exitistas, e inflarse como el sapo de la fábula. Hasta que revienten. También pueden cultivar, oculta detrás de la sanata de la “autoestima”, una cruda y ruda neurosis; pueden verse a sí mismos nunca a la altura de ese yo fuerte y absolutamente estimable y amable que se les exige. Y otros sufrimientos que cargarán a sus espaldas bajo la mirada ciega de ese “tú puedes” insensato, que finalmente castiga lo que se sale de los márgenes “normales” de un imaginario yo fuerte.
Y como de eso no se habla viene el stress. Para mí se lee: “es tres, tres, tres“ como la vieja película de Saura. En el stress siempre son tres. Yo, mis choques con el mundo -político, económico, social, familiar y deportivo- y todo lo que por dentro me rompe la cabeza: rencores, prejuicios, imposibles cálculos de futuro, obligaciones inventadas, locos propósitos, etc. Y, lo peor: “¿que van a pensar, o decir, tal y tal?”. Son yerbas venenosas.
Sí, hay seres compactos, endurecidos a prueba de adversidades o de éxitos, que empujan a los otros. ¿Quién sabe con qué resiste el que resiste? ¿Quién es y qué ama? El asunto del amor es tramposo, sobre todo el amor altruista: “nada para mí”.
”Lo hago, lo digo, por tu bien”. ”Quiero lo mejor para mi hijo”. ”Se supone que ¡yo! -sé tu bien, y te lo impongo.” Mejor es, hacia los hijos, “un deseo que no sea anónimo”,[1] quiere decir: “ni ciego, ni sordo” para rectificar una tendencia o alentar una inclinación. Una buena disposición hacia los otros no necesita ser altruista. El altruista oculta la tajada que se cobra. Prefiero amores más ventilados, más desacoplados, más reales.
Un cordial saludo y hasta el próximo martes.
[1] Jacques Lacan, “Nota sobre el niño a Jean Aubry”.


Enero 23rd, 2010 at 10:28
Carmen, cuánto decís en esto que decís; la autoestima… se dice tanto y te pregunto como practicante del psicoanálisis, cómo transitar el flagelo de la autoestima para poder pasar de lo cínico a la posibilidad de lo responsable. Me quedo pensando, te diría más bien, interrogado.
Tu escritura es siempre una gran posibilidad.
Saludos cordiales.