Escribo hoy, martes 29, al filo del 2010, que les deseo mejor.
Mónica había pasado por terribles avatares y se había escapado de varios institutos de menores, como mi amiga Marivicy. Y como mi querida amiga, -que solía cantar “El gato que está en el tejado” y cargar a mis tres nenes juntos en su bici-, nunca se olvidó de aquello, y decidió hacer algo con eso. Son mujeres. Marivicy hace, y escribe. Mónica Carranza era una mujer de acción. Tan vivas que nunca les faltaron voluntarios. No sin su familia al lado, como mi amiga, y como ella sin subvenciones políticas cautivas. Mónica pasó 18 años -del galpón, al comedor para 10.000 personas,- con sus “carasucias”. Ahora Mónica se murió, muy joven.[1] He leído otras notas de la periodista que escribe las de hoy, esta y otra más. Escribe bien, es inteligente y ágil como una liebre. Sin embargo… Sin embargo… Voy por la segunda nota.[2]
“Una semana atrás la ciudad apareció empapelada con una imagen revulsiva”: se trata de un feto en un charco de sangre. El afiche dice: “Aborto igual a Genocidio”.[3] El equipo patoteril de “limpieza urbana” del gobierno de la ciudad, -que limpia todo lo que afea la ciudad, incluidos los indeseables- nada hizo frente al consabido método de los católicos creyentes de la Verdad Única: arrojarla a la cabeza de la gente, más o menos como el tano que atacó a Berlusconi. Ya fue dicho que “la política es la guerra por otros medios”, claro que el que lo dijo no soñaba en las formas medievales (y actuales) de la “política”. El asunto de esta nota es el aborto, cuya despenalización no se logra.
La nota -se diría lúcida y contundente- denuncia: se frena la aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral,[4] los Hospitales no tienen suficientes preservativos gratis. ”Hoy hay mil argentinas por año que llegan a la situación límite de tener que practicarse un aborto -algunas mueren en el camino- y dejan en el mercado negro 1.000 millones de pesos por año, casi un 3.000 por ciento más que la inversión estatal en educación sexual y procreación responsable…” La política oficial consiste en avalar al Cardenal Bergoglio, que habló del aborto y, de paso, del matrimonio gay, como una “oscuridad existencial que debe dejarse iluminar por la luz mansa de Dios”. El Misotropol, “avalado por la Organización Mundial de la Salud,” permite interrumpir la gestación en los tres primeros meses, “de forma segura, privada y libre de cualquier cámara puesta en el nombre de Dios”. Hasta acá la nota.
Las liebres periodísticas manejan un arma peligrosa: la palabra. Sobre todo con temas que tienen un buen margen de oscuridad existencial,[5] quiero decir que no son banalidades y merecen estudio y reflexión. Sobre la cuestión del aborto no aparecen ideas; se tiran fuegos artificiales. ¿”Interrumpir la gestación”?, una boludez del año cero…”Si las mujeres supieran cuidarse…” Cierto. Y mentiroso; porque no hay ”las” mujeres. ”Ellas” son una por una…
Continuaré con el tema. Un cordial saludo y hasta el próximo martes.
[1] Licitra, Josefina, “Murió la abanderada de los carasucias”, en Crítica de la Argentina, 29/12/09, p 23.
[2] Licitra, Josefina, “Piel de cordero”, en Crítica de la Argentina, 29/12/09, contratapa.
[3] “Genocidio: exterminio sistemático de un grupo étnico, racial o religioso”.
[4] Ver en este blog, mis “Cartas irreverentes” sobre la Ley de Educación Sexual Integral. Posts 53, 54, 55, 56, 57, 58, 59.
[5] En este blog, recuerdo el post número 16 “Escuelas Hippie Chic”.

