Bueno, para mí “amor” es lo que enlaza, lo que lleva hacia algo, lo que a uno lo causa. Es verdad que eso puede llevar a un desastre. Depende del uso del amor. La semana pasada tuvimos en la ciudad un doble, triple, múltiple encuentro.[1] Un remolino de colegas de varios países, vértigo de trabajo al que se llamó BAL (Buenos Aires Lacaniana). Me alegré cuando Judith Miller[2] anunció la apertura del próximo Congreso de la AMP [3] (antes reservado a los miembros) a “los amigos del psicoanálisis”. ¿Se dan cuenta? Y pensar que hace año y medio que acá estamos, un montón de amigos del psicoanálisis, ya que este blog nació con esa idea; amigos y los que quieran sumarse. Cliqueando por aquí podrán leer lo que se dijo en la presentación de SEMBLANTES DE OCCIDENTE. Pero enseguida paso a contarles las ideas que orientaban al BAL.
Se pueden resumir en las palabras inaugurales de Eric Laurent,[4] de las que guardé unas notitas borroneadas e imperfectas. Empezó hablando de lo que pasa con el síntoma. (Los lectores ya saben que al síntoma hay que hacerlo hablar)[5] Pero, preguntó Eric Laurent, ¿qué pasa hoy con el síntoma? Que se lo clasifica, se lo categoriza, se lo vigila, se lo controla, se lo medica, se le cierra la boca y se lo reduce a la común medida de la “burocracia sanitaria”. (¡Exactamente eso! Las prepagas, las Obras Sociales, los laboratorios farmacológicos, el temible “mercado” de la “salud mental”).
El Presidente de la AMP mostraba las consecuencias de una economía de la salud basada en datos estadísticos. “Traerá epidemias extrañas”. Sucedió, por ejemplo, en USA, que el autismo descrito por Asperger en 1943, fue incluido en el DSM IV.[6] Se lo empezó a diagnosticar a troche y moche, y apareció una epidemia de autismos. Lo más extraordinario del caso es que una posterior variación estadística (bajaron los casos), los decidió a sacar la enfermedad de Asperger del nuevo DSM V, que saldrá en 2011. “Se ve la fetichización de las cifras y la venganza de lo real.”[7] En cambio, para el analista, la particularidad del sujeto del inconsciente lo hace inclasificable. Cada uno tendrá que enfrentarse a su síntoma que es su modo de gozar.
“Ya no son los tiempos del fordismo, que exigía el salario decente, ni del taylorismo que exigía la inclusión del trabajador no calificado.” El neocapitalismo no se preocupa de eso; es el tiempo de las soledades, en las que el goce y la muerte van de la mano en las toxicomanías, las anorexias, las depresiones etc. etc. Las pulsiones están desatadas, lo que acarrea la destrucción de los lazos humanos. Ahora bien, -preguntó E.Laurent- “¿Cómo hacer colectividad con singularidades? ¿Cómo hacer encajar lo particular en lo universal?” Esa es la tarea que tenemos entre las manos analistas, analizantes, y amigos del psicoanálisis. No hay otra vía que la invención.
Sólo agregaré que tuvimos jornadas donde se enlazaron -de manera genuina, práctica y visible,- las tres dimensiones de la Orientación lacaniana: clínica, teórica, y política. En las palabras de Eric Laurent se puede reconocer el nudo que forman las tres.
Un cordial saludo y hasta el próximo martes.
[1] Tuvo lugar, junto con el XVI Encuentro internacional del Campo freudiano, el Encuentro Americano de Psicoanálisis Aplicado de la Orientación Lacaniana, (ENAPAOL) y las Jornadas anuales de la EOL.
[2] Judith Miller, doctora en filosofía, con frecuencia ha concedido entrevistas como presidenta de la Fundación del Campo freudiano, marco de las Escuelas de la Asociación Mundial del Psicoanálisis (AMP)
[3] Tendrá lugar en París, en abril de 2010; el de 2008 tuvo lugar en Buenos Aires.
[4] Actual presidente de la AMP.
[5] También saben que “hablar” no es emitir palabras.
[6] Manual de clasificación diagnóstica. Es de uso obligatorio para los trabajadores de la Salud Mental.
[7] Lo “real” para el psicoanálisis es lo que se burla de las pretensiones de la ciencia, y le retorna bajo formas indeseadas imposibles de dominar. Del lado del ser hablante, lo real es el goce que insiste y se repite, oculto en la cara de sufrimiento del síntoma.

