Escribo hoy, martes 29, al filo del 2010, que les deseo mejor.
Mónica había pasado por terribles avatares y se había escapado de varios institutos de menores, como mi amiga Marivicy. Y como mi querida amiga, -que solía cantar “El gato que está en el tejado” y cargar a mis tres nenes juntos en su bici-, nunca se olvidó de aquello, y decidió hacer algo con eso. Son mujeres. Marivicy hace, y escribe. Mónica Carranza era una mujer de acción. Tan vivas que nunca les faltaron voluntarios. No sin su familia al lado, como mi amiga, y como ella sin subvenciones políticas cautivas. Mónica pasó 18 años -del galpón, al comedor para 10.000 personas,- con sus “carasucias”. Ahora Mónica se murió, muy joven.[1] He leído otras notas de la periodista que escribe las de hoy, esta y otra más. Escribe bien, es inteligente y ágil como una liebre. Sin embargo… Sin embargo… Voy por la segunda nota.[2]

