Ago 25

Estimados lectores, estoy estremecida por la siniestra Ley de educación de Chávez; la patria potestad de los menores en manos del Estado hasta los 20 años. Desde los 3, la “educación  física y mental y la capacidad cívica” será tarea del Estado. Es la idea de la “educación” (tomar la arcilla y reducirla al molde común), llevada a su consecuencia más temible. Pero  sepan que  la idea de la “educación sexual” puede tomar esa vía siniestra.

Si el Estado se adjudica, no un simple programa escolar, sino la tarea de modificar las conductas conforme a un plan, según la  ideología del género, se enfoca la sexualidad “desde la dialéctica del poder”, como bien dice Monseñor Aguer.  En el caso del Chávez, ni siquiera dialéctica del poder; sino toma del  PODER. Por otra parte, monseñor denuncia la “deconstrucción” de la tradición cristiana. Esta tradición ¿no ha estrangulado también  la problemática de la sexualidad, al reducirla a  los fines de la procreación?

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Ago 18

Siguen las “cartas irreverentes”, para  escapar  a  las “debidas”  reverencias y decir algunas cosas, siempre  ”de la buena manera”.

Tomemos la primera  afirmación de la carta de Monseñor Aguer: “Ninguna de estas propuestas (las del Ministerio) toma en cuenta la libertad de conciencia”; lo cual  quiere decir que no se les pregunta, a los educandos o a sus padres, si quieren “educación sexual”. A Monseñor todavía le resuena aquel debate argentino: “Laica o libre”. ¿Se sacaba  la religión de la escuela pública, o se daba a elegir? La “clase de religión” fue un  engendro raro, salvo que algún docente hiciera una  predicación  genuina de su fe.

Los tiempos son muy otros.  ¿Y la educación sexual? Habrá que  inventarla;  pero sabemos al menos que es la urgencia que aparece cuando el imperativo de “disfrutar” arremete con las barreras del sexo, sin alarmas ni guardabarreras a la vista.

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Ago 12

Estimado lector, tal vez notó que mi blog había desaparecido como por arte de magia, justo cuando se anunciaba una nueva serie. Había escrito mi primera “carta irreverente” en medio de los vientos de un debate que ya desapareció de los medios. Lo cual sólo  muestra que en los medios nada se debate en serio. 

La palabra “reverencia”[1] implica temor, recelo, desconfianza; también “respeto”, lo cual apunta a  sumisión. De ahí que demasiada “reverencia” resulte   sospechosa.  Mis “cartas irreverentes” eligen la dirección opuesta. 

Se trata de  una cuestión compleja, que no puede ser tratada con  golpes de ingenio. Hablo de la educación sexual obligatoria en las escuelas primarias y secundarias a partir de la Ley 26150  de “educación sexual integral”, promulgada por el Congreso en octubre de 2006. La discusión entre los referentes de la educación católica y el Ministerio de Educación podría acercarnos a las verdaderas  dimensiones del problema. 

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