Hoy comprendí algo más sobre el golpe de Estado en Honduras. Por fin veía el verdadero escenario. También leí una crónica sobre la indigencia en el Chaco. En las respectivas notas encontraba la misma cosa. Todo parece suceder en dos planos desencontrados. En uno, los que gozan de la suficiente parcela de poder político o económico como para sonreír entre negocios turbios y complicidades intrincadas. En el otro, los que ya sin nada que perder tienen en la calle su reino; unos se lanzan a la refriega callejera; otros son los infelices habitantes de la indigencia.
No sé si lo notaron. Nos acercamos a la semana 52. Exactamente un año.
Hace tiempo deseo un cambio, agilizar estas líneas, una movida, como la cocinera que sacude el cernidor, pero para atrapar lo poquito que queda en la tela metálica. Lo bueno, si breve, debería ser dos veces bueno, ¿no? Me verán intentarlo.
Me encanta la metáfora del buscador de oro; sacude, aparece la pepita, chiquita y reluciente; y él se alegra por esa, una más. Pero no se podría anticipar una pepita de oro. Como practico el psicoanálisis, sé que la pepita te toma por sorpresa; viene “del porvenir”. Me explico: a veces a uno lo sacude algo que vive o que lee; en esa sacudida responde el “sujeto”. A eso le llamo “una experiencia”.
Así avisados mis anhelos de cambio para dentro de un par de semanas, hoy me permitiré algo insólito para este blog.
¿Qué es lo serio? Lacan enfatiza: lo serio es la serie. En matemáticas, una serie es “la suma de los términos de una sucesión”.
Aprecio a Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, agudo escritor, parte de carta Abierta; pero tiene el defecto kirchnerista: la inclinación a ver la viga en el ojo ajeno. Salvo eso, y si mientras leemos vamos corrigiendo un poquito ese vicio, por decirlo de algún modo, lo que hoy aparece con su firma toca un asunto importante.
¿Qué quiere decir “Países serios”? ¿Quizás son los G-8, o G-20, o G-14 ?
Por estos lados, ¿serán los que tienen presidentes serios “como Bachelet o como Lula”? Aquí, como dice H.González, si la presidenta va a Honduras, debería estar acá; si está acá, no atiende debidamente la epidemia. Si dice tal, no llama al diálogo, pero si llama al diálogo no dice cómo, cuándo o con quién, ni reconoce “la rendición”.
Primero leo al muy criticado y productivo José Pablo Feinmann (¿qué y a quién no se critica en estas sabihondas tierras?) Cita a Mariano Moreno: “Los pueblos nunca saben sino lo que se les enseña y muestra, ni oyen más que lo que se les dice”.
Después agrega: “Los pueblos están dispuestos a creer. Creen porque quieren creer”. Enseguida me sale decir: “claro, sí,” pero después viene la pregunta: ¿qué valor tiene hoy la categoría política “pueblo”?; ¿qué quiere decir para nosotros? Aún se puede hablar del pueblo judío, en la medida que algunos sostengan su rasgo de excepción (no hablo del Estado Nacional Judío); tal vez “pueblos árabes” o “pueblos indígenas”. Pero en las democracias capitalistas ¿qué “pueblo”?

