“La única vacuna que necesitamos es la que nos libre de la insolidaridad, la estupidez y la mezquindad generalizada.”[1]
Está dicho -y bien dicho- el 25 de mayo, que no es, pese a todo, cualquier día.
Sucede que Juan, así se llama, ha estado en la cancha de Vélez, donde abundaron los barbijos. Se siente “asquerosamente justificado” para sospechar que los mensajes que nos tiran, calan muy hondo. Ya les conté de mi vecina que recorría farmacias juntando barbijos; al menos ya sé a quien pedirle en caso de necesidad.
(Bromas aparte, sería igual de estúpido ignorar el problema)
Al periodista se le ocurre lo de la vacuna, dado que “nada se puede esperar de los laboratorios y de las usinas de paranoia”. O sea, los propaladores de catástrofes que hacen sus negocios. Pero, pregunto: ¿por qué les resulta tan fácil?

