Leo con suma atención y gusto a mis lectores que se leen entre sí y conversan.
Hoy me urge hablar del tiempo y las palabras. Verán. Empiezo así: El Estado argentino K, electoralista (según se acostumbra por acá), adora el corto plazo. Subsidios, golpes de efecto, vueltas de tuerca; comisiones de control que no controlan nada. ¿Qué largo plazo? Es la infancia nacional: “lo quiero ya”; así somos de complacientes con los chicos; los niños somos nosotros. Luego, no hay niños.
En cambio, “la eterna” iglesia romana opera con el tiempo eterno de las Escrituras eternas y sagradas y con el tiempo eterno de su poder eterno. También el judaísmo tiene su tiempo eterno, pero les voy a contar algo extraordinario que pasó en una cúpula judía.

