Mar 31

 Tal  vez han leído esta rima que sirve de sabio broche a un  comentario de mi post 33. “Y en el mismo momento/ en que el temblor sea en casa/ entenderemos, tal vez, / lo que al otro le pasa.” Parece mentira, tan sencillamente ilustrada la cuestión, por mucho que nos disguste que las cosas sean así.

En efecto, sólo lo que nos toca ensancha nuestro minimundo. Por eso se equivocan los padres ahorra-tropiezos. [1]

Justo esta mañana de domingo, leí[2] palabras de una madre: “Cuando se llevaron a mi hija, no sabía que existían esas mafias”. Y lo relacioné con la cuestión del Estado, tal como se me aparecía, curiosamente, en dos titulares de tapa.

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Mar 24

Hablando de libertad e igualdad, es maravilloso el derecho “igualitario” a hablar, tan practicado hoy en el Río de la Plata. Quiero decir, el derecho a hablar de lo que sea, sin saber, sin discernir, sin pensar, sin dudar, y sin calcular las consecuencias de lo que se dice. Práctica habitual en familia, entre amigos, en la escuela, en la oficina, en los bares,  y ni digamos entre la farándula artística y política a la que “la fama-TV” suele coronar de ridículos prestigios.

Hoy, domingo, Página/12 enfriaba, desde la tapa del diario,[1] la opinología desatada con el ya célebre e impulsivo: “el que mata debe morir”, haciendo hablar a quienes se tomaron el trabajo de pensar antes de decir. Por su lado, Crítica de la Argentina presentaba un cuadro[2] de países con y sin pena de muerte, ante el cual me detuve un rato.

 

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Mar 17

Estoy al tanto de varias cosas que vienen de aquí y de allá.

El G-20 se divide: ¿reformulación de la economía, o el libre cambio de siempre?

En Irlanda, vuelve el terrorismo; claro, los violentos del IRA reclutan marginales. Los tibetanos pobres siguen al Dalai Lama, pero si sueñan con algún progreso, se alían a los chinos que apalean a los otros. Es la “gente común”.

A Susana le salió lo que piensa la “gente común”, pero la gente común que vive en lugares muy aceptables. También hay otra gente común que presta su apoyo a las marchas solidarias, como una respuesta decidida y emotiva a problemáticas comunes.  

  Sin embargo, las cosas se agravan, se oscurecen, se reiteran, se encabritan.

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Mar 10

 Si lo desean, pueden ir a ver los cuatro comentarios que le sucedieron a mi post  BRUTALES ENCIERROS (Nº 30). Tres de ellos conversaron entre sí. Y ese es un pequeño enorme sucedido.

 Sandra escribió que a ella, “entender” no le ahorra “no saber qué hacer”;  Gonzalo descubre el “pequeño gran comentario”. C.B. lee, y avanza entonces su pregunta: ¿qué se dice cuando se dice “hacer”?

 El otro comentario es el de Marcela, practicante del psicoanálisis.

 Sandra, Gonzalo y C.B. hablan de la más cercana problemática cotidiana. ¡No es lo mismo “entender”, que “saber qué hacer”! Para mi fue un cimbronazo, porque entre los cuatro tocaron el nervio vivo de este blog, su razón de ser, el motivo de su existencia.

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Mar 3

El CIPPEC,[1]  informa la nota,[2] lanzó la reedición de Derechos y justicia, para vos, para mí, para tod@s.[3]

Me gustó leer que no es un manual de educación sexual. Después se verá porqué.  El libro trata de la sexualidad con toda su diversidad. El autor de la nota cita una canción de Joaquín Sabina, que en el post franquismo  recordaba así  los años del dictador: “Nos lo robaron todo, las palabras, el sexo, los nombres entrañables del amor y los cuerpos“.

El libro dice con razón que en los textos y en el discurso escolar domina una lógica que manda las sexualidades y los cuerpos “al horario de protección al menor”. Se ve bien, me parece, cómo funciona el paradigma “problema-solución”; matar a los que matan, eliminar a los que molestan, limpiar a los diferentes, hacerse agentes de la moral; recortar, censurar, prohibir, reprimir, golpear, encarcelar, torturar, internar, reprimir, condenar, etc.

Creo que el autor de la nota periodística no consigue salir de esta lógica.

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