Nov 25

El  calor anuncia el verano. Mis últimos posts pusieron a prueba al  lector;  tal vez desalentaron  a varios.  Les cuento: este es  el último de la serie. Vendrán otras.

 Había  escrito una pregunta: ¿cómo entran los cuerpos y el sexo en aquellas dos lógicas[1] entre las cuales parecen repartirse los hombres y las mujeres?  

 Para  empezar, no hay que entramparse en la lógica binaria (”tener o no tener”), que gana terreno y  se extiende hasta  igualar  sin recato tener y ser (”si tengo, soy; si no tengo, no soy).  Se ven las resonancias  individuales y sociales del asunto.

Ahora bien, ¿porqué hablar de lógica? ¿No es acaso el falo[2] (o sea, el pene en tanto también puede faltar), el organizador indiscutido de la diferencia de los sexos? ¿No es obligatoria y universal la partición: “damas” y “caballeros”? ¿Ya no vale nada la diferencia anatómica de los sexos? Eso sí, muchas mujeres, identificadas a la falta en su posición inconsciente, ocultan  (o niegan)  un sinfín de penurias  sexuales y sociales.    

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Nov 18

Así se titula la nota[1] y se refiere a la pedagogía Waldorf. Son escuelas “raras”, con “tendencias progres y rasgos místicos”. Las anécdotas, entre pintorescas y tendenciosas,   dejan una estela de sospechas.  Pero ni una  sola idea bien  formada  del asunto.

En serio, en su  coordenada mayor, como concepto que subyace al anecdotario, ¿qué hace una escuela Waldorf?[2]  

 El título de tapa dice que estas Escuelas están “al margen del mundo real y de la televisión”. ¿Acaso sugieren que la TV presenta el mundo real?  ¿O que el mundo real es el que se ve en la calle todos los días? Mucha gente lo piensa, por suerte yo no. Para mí el mundo real incluye lo particular de las  subjetividades, el trabajo de su formación desde la infancia y en sus tiempos. Claro, si todos somos perpetuos niños jugando, eso no existe. 

¿Juguemos en el mundo mientras el lobo (léase: pibe chorro, o asesino, o violador; o hambre, o desocupación, o crack financiero) no está?

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Nov 11

La última vez dije cosas difíciles de digerir.  Cité a una mujer escritora.

Quise mostrar dos lógicas. Una lógica universal gracias a la cual gozamos de hablar y discursear, y otra que se desprende, anda por los bordes;  la del goce femenino. 

La gran pregunta es ¿cómo entran los cuerpos y el sexo en esta lógica? Respondo como en el cine: “Se verá próximamente”, antes de que nos atrape el  verano, porque para entonces tengo planes más  livianos.

¿Porqué llamar “fálico” al goce  discursivo ligado al universal?

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Nov 4

Escribía sobre el más antiguo e insoluble obstáculo que se conoce entre los seres que hablan: la presencia de lo incalculable  que hace temblar la proposición universal.  

Algo así les sucede a ciertos hombres frente a las  mujeres; nadie las entiende; son todas locas. Lo cual tiene su  verdad. Porque cruzarse con supuestas-mujeres del estándar no es lo mismo que tropezar con una; ese es otro cantar. Esa una mujer se le vuelve peligrosa, porque justo eso particular y misterioso podría atraerlo como un imán.

 

 Mientras en esos pensamientos estaba, recibí un correo de Andy, inestimable lector y librero, con el link del reportaje a una escritora argentina…[1]La  intemperie (Ed. Interzona),  de Gabriela Massuh, es lo mejor que leí últimamente”.

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