El calor anuncia el verano. Mis últimos posts pusieron a prueba al lector; tal vez desalentaron a varios. Les cuento: este es el último de la serie. Vendrán otras.
Había escrito una pregunta: ¿cómo entran los cuerpos y el sexo en aquellas dos lógicas[1] entre las cuales parecen repartirse los hombres y las mujeres?
Para empezar, no hay que entramparse en la lógica binaria (”tener o no tener”), que gana terreno y se extiende hasta igualar sin recato tener y ser (”si tengo, soy; si no tengo, no soy). Se ven las resonancias individuales y sociales del asunto.
Ahora bien, ¿porqué hablar de lógica? ¿No es acaso el falo[2] (o sea, el pene en tanto también puede faltar), el organizador indiscutido de la diferencia de los sexos? ¿No es obligatoria y universal la partición: “damas” y “caballeros”? ¿Ya no vale nada la diferencia anatómica de los sexos? Eso sí, muchas mujeres, identificadas a la falta en su posición inconsciente, ocultan (o niegan) un sinfín de penurias sexuales y sociales.

