Ago 26

¿Qué pasa que hay tanto empeño en disfrutar y mostrar a los niños, mientras se los llena de diferentes maneras  como barriles sin fondo?

Los niños tratados como “objeto erótico” (para satisfacción de los padres), no es raro que se muestren maltratadores, insolentes, desafiantes.  O todo lo contrario.

 ¿Qué  límites pueden poner los padres, si no se limitan a sí mismos en lo que  hacen, dicen, dan y quitan sin pensar y sin calcular las consecuencias?

 Es verdad que en la ciudad somos parte de las oleadas humanas empujadas por apremios e intrusiones de todo tipo, las cabezas metidas en el constante zumbido de los miedos, objetivos a cumplir, vencimientos, y apetitos (hay que “disfrutar”; el ojo se traga lo que le dan)  ¿En qué momento habrá tiempo para el niño?  Es fácil olvidarse de la sexualidad infantil,[1] hacer como si no existiera, ignorar que, mientras  el niño crece metido en el mar del lenguaje, es  afectado  por  experiencias  y angustias que no sabe nombrar.  

 Si  algo de eso no se intuye, si no hay  algún atisbo, la presencia del adulto se banaliza y se agota en exigencias demasiado ajenas a la particularidad del niño. Sigo oyendo la  vaga queja de la impotencia desorientada: el chico “se porta mal”. 

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Ago 19

En mi último blog, y sin previo aviso, pasé de los adolescentes a los niños. Tal vez porque, de tales niños, tales adolescentes y tales jóvenes y tales personas…

Después encontré interesantes comentarios, que agradezco a cada uno.  

Mil cuestiones bullen en mi cabeza; hoy recordaba a un amable profesor (yo tenía veinte años), “Carmen, no se puede decir todo en una emisión de voz”.  Pero hoy digopsicoanalisis, entonces debo agregar que no se puede decir todo y que es esencial preservar el lugar donde no se entiende. Ahí, en ese hueco pueden pasar otras cosas por las cabezas.  Son mil los temas del psicoanálisis, y  se cruzan como hebras en el telar. 

Sería bueno ir más lejos de lo que “se dice” por las calles. Aunque la última enseñanza de Lacan[1] no se hace ilusiones de que el psicoanálisis sobreviva al desbarajuste posmoderno (infinita fragmentación social y proliferación de todas las formas imaginables de avasallamiento de la subjetividad), da extraordinarias pistas.    

También Argentina, otro país donde los grandes intereses se disputan la tierra, el agua y los bienes, está amenazada por la degradación de los lazos de convivencia, pero conviene recordar que este país no tiene el espíritu agotado por siglos de guerras asesinas y de masacres, que es latinoamericano y bicentenario, y que no nació con el Virreinato del Río de la Plata (léase Buenos Aires).

 Sobre esto, habría mucho para decir.

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Ago 12

Agosto de  2008, muchas nubes en el horizonte argentino.

De marzo a julio, la pulseada “gobierno-campo” generó una especie de  bipartición en la  sociedad argentina; en cada lado una imposible mezcla de elementos.

Se iban evidenciando los intereses involucrados y diversos problemas nacionales, mientras las multitudes respondían al impulso visceral de los amores patrióticos y de los viejos odios. Los políticos y los mercados aprecian el consenso de las mentalidades o las sensibilidades que siguen su música. Negocios son negocios.

Por debajo de ese campo visible de tensiones y de problemas, bulle la otra vida de la gente; la que no sale en las pantallas. La que pasa por las cabezas y los cuerpos.

¿Qué puede hacer el psicoanalista en la ciudad? ¿Dónde se atrapa su posición?

 En un modo de juzgar. 

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Ago 2

“Digo psicoanálisis”. Lo hago  desde la Orientación Lacaniana. 

Agrego: “Como lo veo desde acá”, porque decido servirme del psicoanálisis para pensar, como porteña y como argentina, las cosas que suceden acá.

Hace poco escribí un libro, enteramente coloquial y lacaniano, donde  dije que los analistas en Argentina debíamos estar más presentes como “analistas ciudadanos”. La otra cuestión es  saber cómo hacerlo.  Por mi parte lo intentaré con este blog. 

Intento mostrar que el psicoanálisis no es un sueño; que “el amo moderno” (la ecuación costo-beneficio) no se tragó todo para siempre. Que todavía es posible pensar  alguna cosa que no sean los dictados  de las  corrientes  de opinión.

Ríos de palabras acompañan los fenómenos que en este país nos perturban,  que cada día lamentamos, que no caen del cielo; que responden a una lógica más bien elemental cuyas consecuencias están a la vista.

Intento considerarlos -en cada caso, un poco cada semana,- como lo veo desde acá  con el psicoanálisis de la Orientación Lacaniana. 

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