No es lo mismo empresario, o millonario, a secas. Empresario es un señor que superó la pymes, y defiende rabiosamente su status. El millonario por herencia suele gozar de los beneficios, y tal vez en un par de generaciones se pinche el globo familiar. Empresario millonario es tremenda potencia de apropiación, olfato para los negocios, gran estilo de vida. Sabe bien que la gente que pisa su zona de influencia, con mucho o poco poder, se harán pí pí por una mirada suya, una invitación, un pedacito de esa gloria, no importa qué favores se le pedirán a cambio. Saben que el río Chubut podría llamarse río Benetton. Al menos en los 15 km. alambrados y con cartelito de propiedad privada. La familia dueña de esas tierras no iba a dejar mocho su paraíso por cuestión de un río, en un país donde falta una ley federal que limite los descomunales avances de estos ricos.
Afuera, en la calle, hubo cantos y redoblantes, insultos y huevazos. Adentro, en el recinto, hubo discursos necios y buenas argumentaciones. Finalmente el viejo matri monium perdió su impronta heterosexual y patrilineal de siglos y su lazo con la Iglesia, que seguirá tolerando casamientos solubles, en iglesias de chocolate. Lo cierto es que el matrimonio civil abrió sus alas y se extendió a las personas del mismo sexo que se aman y quieren formar una familia con plenitud de derechos. Tampoco faltarán libretas rojas de chocolate que se coman rápido y duren poco, pero errare humanum est, y hace rato que la ley de divorcio admite que los que se mal-juntaron, se separen, antes que seguir soportando formas degradadas de relación entre los sexos, antes hetero, ahora iguales o diferentes. De modo que las parejas homosexuales ya podrán adoptar niños.
¿Por qué no decir resiliencia, una palabra que hace un tiempo se escuchaba por todas partes? Viene de la ingeniería, de la energía que se produce en ciertos materiales a causa de un impacto. Como metáfora poética no está mal. Pero está tomado en la psicología conductista para decir “tú puedes”, y pasa por el tratamiento del stress y de la ”autoestima”. Según dicen, es lo que conviene inculcarles a los niños, así se los prepara para que, “en la adversidad, aparezcan los recursos del individuo, esos que desconocía o con los que no contaba.” Fíjense lo que pasa en Haití. Claro, ahí no se habla de stress, sino de víctimas, de muertos, de comida, de pestes, de delincuentes, de la pata norteamericana “copando las instalaciones” desinstaladas y destrozadas de la estructura social, política y económica de un país que hoy multiplica por “n” su habitual descalabro. ¿Quiénes y cómo resistirán?

