Al menos puedo pensar que soy perseverante, pues los calores no han terminado de desencajarme del todo. Mi cabeza sigue imperturbable pese a las contradicciones locas del revuelto local. Me aburre. Prefiero mirar los afiches callejeros, como el de hoy, de una universidad privada: “Estudiar es futuro”. Pensé ¿Cuál? ¿Futuro perfecto? ¿Imperfecto del indicativo? ¿Qué clase de estúpida mentira? “¡Epa!, -me dije a mí misma- ¿Todavía no te acostumbraste?”. Les cuento el secreto de mi perseverancia; me pasé dos días leyendo con gran placer sobre Platón y Aristóteles. (Pero, ¡si ya escribiste sobre eso en Semblantes!) Les quiero contar un poco de lo nuevo; porque la mirada se agudiza y siempre aparece un pliegue más. Y para mí, un libro nuevo que estoy escribiendo.
Sí, leyeron bien. La palabra empieza a sonar, con sus sentidos y sus utilidades, políticas, económicas, sociales, culturales y deportivas. Por supuesto que se hablará de la Patria. Para mí, esa temporalidad se anota en un vasto lecho de siglos. El pueblo judío celebra su año 5770, París hace rato que cumplió 2000 años. Siglos después el Almirante Cristóbal Colón llegaría a playas de América, con los reales auspicios de Castilla y Aragón. En mi libro Querida María me permití hilar largo y fino sobre el tema. Pero hoy leí, detrás de la foto de un joven argentino, un título: “Las fuerzas armadas no son una burbuja”.[1] ¿Qué? ¿Hasta ahí llegará hoy la impronta argentina de mi blog? Pues sí. Para mí la cosa es significativa de muchas otras.
¿Por qué no decir resiliencia, una palabra que hace un tiempo se escuchaba por todas partes? Viene de la ingeniería, de la energía que se produce en ciertos materiales a causa de un impacto. Como metáfora poética no está mal. Pero está tomado en la psicología conductista para decir “tú puedes”, y pasa por el tratamiento del stress y de la ”autoestima”. Según dicen, es lo que conviene inculcarles a los niños, así se los prepara para que, “en la adversidad, aparezcan los recursos del individuo, esos que desconocía o con los que no contaba.” Fíjense lo que pasa en Haití. Claro, ahí no se habla de stress, sino de víctimas, de muertos, de comida, de pestes, de delincuentes, de la pata norteamericana “copando las instalaciones” desinstaladas y destrozadas de la estructura social, política y económica de un país que hoy multiplica por “n” su habitual descalabro. ¿Quiénes y cómo resistirán?
Si hubiera escrito “calamidades” se me agolparían mil cosas de la vida cotidiana. En Argentina, la información circulante parece de chicle; cada parte involucrada hace su recorte, maquilla a su antojo, resta o infla. En el Vaticano, el Papa condenó la violencia de los italianos del sur con los inmigrantes africanos sin papeles. En Chile, Bachelet inaugura el Museo de la memoria de las calamidades pinochetistas. Pero dije “calamidad” para retomar un punto del libro sobre el aborto: “Calamidad es confiar en que el Derecho puede resolver las tragedias de la vida.” Sí, creo que es una calamidad colgarlo todo en la percha del Derecho. “Seguridad,” “despenalización,” “castigo a los culpables”. Se puede escrachar, reclamar, quejarse, marchar, protestar. No está mal. Sólo que con eso no alcanza ni alcanzará jamás.
Estimados amigos, a mí el tema del aborto no me parece un asunto menor, y a ustedes seguramente tampoco. Llenarse la boca con la despenalización es fácil. Hace poco me encontré con la investigación de Laura Klein, que leí con sumo interés, y de la que aprendí varias cosas. Hoy quiero simplemente pasarles la primera página y la siguiente, pues me parece una posición ética, lo que quiere decir que no elude las raras aristas del problema. Las oscuridades existenciales de las que habló el Cardenal no se pueden negar, son las que nos angustian. A menos que las tapemos con palabras. Es lo que sucede con el asunto del aborto. Por eso aprecio las posiciones que no se suman al coro. Escribe Laura: “Este libro[1], como defensa de la legalización del aborto, es una calamidad.”
Escribo hoy, martes 29, al filo del 2010, que les deseo mejor.
Mónica había pasado por terribles avatares y se había escapado de varios institutos de menores, como mi amiga Marivicy. Y como mi querida amiga, -que solía cantar “El gato que está en el tejado” y cargar a mis tres nenes juntos en su bici-, nunca se olvidó de aquello, y decidió hacer algo con eso. Son mujeres. Marivicy hace, y escribe. Mónica Carranza era una mujer de acción. Tan vivas que nunca les faltaron voluntarios. No sin su familia al lado, como mi amiga, y como ella sin subvenciones políticas cautivas. Mónica pasó 18 años -del galpón, al comedor para 10.000 personas,- con sus “carasucias”. Ahora Mónica se murió, muy joven.[1] He leído otras notas de la periodista que escribe las de hoy, esta y otra más. Escribe bien, es inteligente y ágil como una liebre. Sin embargo… Sin embargo… Voy por la segunda nota.[2]
Empecemos por inclinarnos ante los “Premios Nobel”. Ya saben que un día se lo dieron al presidente Wilson, (USA), el que pergeñó la segunda guerra mundial con la inicua “Paz de Versailles”. Al Sr. Kissinger, (USA), gerente de las bombas de Nepalm arrojadas sobre los vietnamitas. Al Sr. Obama (USA). Sin comentarios. Vamos todavía. Debo agregar una rara experiencia reciente. Esta vez les hablaré de una científica italiana, Premio Nobel en los años 80. (La verdad, qué contraste con mi post anterior). La cosa me llega en uno de esos correos que tardan en pasar. Imágenes espléndidas, mensajes desbordantes de “sensatez, amor y paz.” La verdad, debo confesar la desconfianza que les profeso. Pero esta vez apareció el rostro radiante de una preciosa anciana de 100 años, descubridora, en 1942, del nerve growth factor, lo que significa: factor de crecimiento nervioso. Era un asunto serio.
Otra entrevista de Daniel Filmus. Esta vez es la socialista Michelle Bachelet, suave mujer fuerte, médica y ex ministra, presidente de Chile (ahora que los chilenos votan: “¿derecha o concertación?”). Los uruguayos ya tienen a su Mujica. Vemos moverse el gran rompecabezas latinoamericano, impredecible. La mega-Buenos Aires le da de comer a mil K y Macris multiplicados; les paga a miles de tipos por seguridad privada, e invierte millones en blindajes, armas, alarmas, censores y cámaras de vigilancia. Los chicos debutan a los 15, y -una buena,- 9 de cada 10 usa preservativo. Varias autoras alimentan el chic lit local. “¿Cómo se diferencia un verdadero chic lit de una receta de cocina?” [1]
Bueno, para mí “amor” es lo que enlaza, lo que lleva hacia algo, lo que a uno lo causa. Es verdad que eso puede llevar a un desastre. Depende del uso del amor. La semana pasada tuvimos en la ciudad un doble, triple, múltiple encuentro.[1] Un remolino de colegas de varios países, vértigo de trabajo al que se llamó BAL (Buenos Aires Lacaniana). Me alegré cuando Judith Miller[2] anunció la apertura del próximo Congreso de la AMP [3] (antes reservado a los miembros) a “los amigos del psicoanálisis”. ¿Se dan cuenta? Y pensar que hace año y medio que acá estamos, un montón de amigos del psicoanálisis, ya que este blog nació con esa idea; amigos y los que quieran sumarse. Cliqueando por aquí podrán leer lo que se dijo en la presentación de SEMBLANTES DE OCCIDENTE. Pero enseguida paso a contarles las ideas que orientaban al BAL.
Sigo en la brecha del amor. Por ejemplo, pude ver y oír a Evo Morales y a Lula Inazio Da Silva, entrevistados por un Daniel Filmus absorto. Son presidentes, hablan sin ostentación ni vacilación; cada uno se muestra vivamente unido a una familia y a un pueblo. Continúan en la lucha por el sujeto de derecho que es el indígena, o el obrero, explotados por el Imperio. Yo veo ahí sujetos deseantes. No basta ser indígena hijo de líder indígena, u obrero metalúrgico dirigente sindical para tener semejante empuje. Eso está en uno, lo impulsa a uno, uno responde o no. Ni se predice ni se promete.

